El sueño de Egipto

Una cálida mañana de verano de 1.999, de excursión en el templo de Abu Simbel, Nubia, Egipto, el país soñado, estaba allí, por fin, con lágrimas en los ojos de la emoción y aguantando con gusto el calor.

Escuchaba con deleite a nuestro guia Karim que dentro del templo, nos explicaba los avatares de la vida de Ramses II, artífice de una de las maravillas del mundo y de su esposa Nefertari, la más bella entre las bellas, mirándome a mí.

De repente cerré los ojos y cuando los abrí, me vi en la sala Hipostila llena de ruido y polvo. Las columnas de Ramses estaban a medio hacer y alguien me cogía de la mano fuertemente. Le miré y me sobresalté.

Ante mí, el guia disfrazado de Faraón, aterrorizada vi que yo también llevaba un traje egipcio. Me miró y sonriendo me dijo algo ininteligible, cuando intenté responder que no sabía lo que decía, era incapaz de entender las palabras que salían de mi boca. Me puse nerviosa, soltando mi mano de la suya, corrí hacía la salida del templo.

El me seguía y me recogió cuando estaba a punto de caerme de bruces con el duro suelo de piedra. Se oían los murmullos de los trabajadores que allí estaban y de la corte que acompañaba al faraón. Me puso la mano en la frente, me miró dulce y compasivo sin entender nada. Yo, al ver que era amable conmigo, le sonreí y me confié.

Me beso en los labios con fruición, cómo sino fuera la primera vez, con una mezcla de dulzura y pasión desconocida para mí. Cerrando los ojos, me deje llevar… Sentí que me abrían con la llave de la vida las puertas de la eterna felicidad.

Templo de Abu Simbel

Sala hipostila

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